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El anuncio se interpreta como un golpe de timón en la respuesta a la crisis del coronavirus, en la que EE.UU afronta los días más crudos de la pandemia con 385.000 muertos, y a la vez como el programa integral que los demócratas venían reclamando durante meses, a solo seis días de que Biden tome posesión de la presidencia.

El plan se compone de varias partidas, una de ellas de 400.000 millones para combatir directamente la pandemia, con medidas básicas como acelerar la distribución de la vacuna y reabrir las escuelas durante sus primeros 100 días de Gobierno, en los que el veterano político espera puedan ser vacunados 100 millones de estadounidenses.

Otros 350.000 millones se destinarán a ayudar a los Gobiernos estatales y locales para salvar los déficits presupuestarios. Pero la parte del león de este gran paquete de estímulos enfoca a los trabajadores y las familias, con un billón en ayudas consistentes en cheques directos por valor de 1.400 dólares (más del doble que los 600 dólares aprobados en el último programa de ayuda del Congreso), subsidios de desempleo más generosos, cien dólares más a la semana con ampliación hasta septiembre; bajas remuneradas para trabajadores que enfermen de la covid-19 y subsidios más amplios para cuidar a los hijos. Otros 440.000 millones se destinarán a apoyar a las pequeñas y medianas empresas y a comunidades especialmente afectadas por la pandemia.

Como soporte complementario para estimular la recuperación económica, el 46º presidente de EEUU prometió la creación de “millones de empleos” en la industria. “Imaginad el futuro: ‘hecho en América’; ‘enteramente fabricado en América y por [trabajadores] americanos”, apuntó, señalando que el dinero de los contribuyentes se empleará en reconstruir el país. “Compraremos productos americanos, sosteniendo millones de empleos en la industria de EEUU”, dijo, en un remedo del nacionalismo económico de Trump que Biden ya planteó durante la campaña electoral.

“No es difícil ver que nos hallamos en medio de una crisis económica como las que solo afectan a una entre muchas generaciones, con una crisis de salud pública en paralelo. No nos podemos permitir seguir de brazos cruzados”, dijo Biden, en una alocución televisada inusualmente larga en la que no escatimó críticas a la inacción de la Administración saliente y a “el fracaso” en la distribución de la vacuna. “Los beneficios [del plan] superarán con creces su coste”, prometió.

Con su mensaje, Biden marca la agenda política y económica frente al coronavirus, el asunto que concita todos sus desvelos, incluso antes de llegar a la Casa Blanca. Pero el panorama político, dominado por el segundo impeachment contra Donald Trump, y el reñido reparto de escaños en el Senado, que deberá aprobar un plan tan costoso como este, alumbran ciertas sombras sobre su viabilidad inmediata, según el diario The New York Times. No obstante, el presidente electo se mostró confiado en que el paquete se tramitará sin demora por los procedimientos del juicio político a Donald Trump.

 


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