Jos√© Van Dijck. “Los datos son el nuevo oro y est√°n en manos de cinco grandes compa√Ī√≠as”


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Es vivaz, accesible, y tiene un afilado sentido del humor. En los entretiempos de la ronda de entrevistas responde a los pretendidos reproches de su int√©rprete sobre c√≥mo traducir el t√©rmino “connectedness” (¬Ņconectividad? ¬Ņconectaci√≥n?) con una r√©plica provocadora: “¬°Espero que los int√©rpretes no est√©n sindicalizados!”

Tambi√©n se divierte recordando los a√Īos que vivi√≥ en California, cuando las resonancias masculinas de su apodo le tra√≠an complicaciones. Johanna Francisca Theodora Maria o, como decidi√≥ para abreviar, Jos√© Van Dijck lleg√≥ a Buenos Aires invitada por la Fundaci√≥n OSDE y gener√≥ un peque√Īo revuelo.

Hay cierta urgencia por entender los cambios que traen las nuevas tecnolog√≠as; una ansiedad mitad entusiasmo, mitad preocupaci√≥n. Los periodistas tra√≠an en las manos su √ļltimo libro,¬†La cultura de la conectividad¬†(Siglo XXI), que traza una historia de las redes sociales. Pero Van Dijck ya est√° trabajando en otros dos.

Graduada de la Universidad de Utrecht y de la de California en San Diego, ense√Īa en la Universidad de √Āmsterdam, donde fue decana de la Facultad de Humanidades. En 2015 fue elegida presidenta de la Real Academia Holandesa de Artes y Ciencias.

Su ingl√©s perfecto y la perspectiva global de sus trabajos la muestran cosmopolita. Pero sus reflexiones sobre lo p√ļblico y la importancia de la sociedad civil dejan en evidencia sus ra√≠ces europeas y, sobre todo, holandesas.

¬ŅQu√© tiene que ver la literatura comparada, √°rea en la que hizo su doctorado, con el estudio de los medios?

¬†Aunque no lo parezca, est√°n muy relacionados. Muchas herramientas de interpretaci√≥n que se usan en los estudios literarios sirven para entender los debates p√ļblicos. En los a√Īos ochenta, cuando hice el doctorado, estaba interesada en c√≥mo las tecnolog√≠as nos cambian la vida.

Quiz√°s recuerde el impacto del nacimiento del primer beb√© de probeta, el de Louise Brown en 1978, y las reacciones indignadas, la pol√©mica que caus√≥. Pero apenas unos a√Īos despu√©s, en 1985, la fertilizaci√≥n¬†in vitro¬†ya formaba parte del sistema de salud en Holanda. Me interes√≥ comprender c√≥mo los medios crean historias que cambian nuestra vida.

Además, la literatura está muy cerca de las noticias; mientras analizaba este debate, encontré que los periodistas citaban obras como Frankenstein o Un mundo feliz. De alguna manera, sigo trabajando en eso: en tratar de entender cómo los medios de comunicación cambian nuestra vida. No sólo a través de los relatos, sino también por sus características técnicas.

¬ŅLas tecnolog√≠as cambian nuestra vida?

Sí, claro. Las tecnologías tienen dos caras. Por un lado, nos dan capacidades, nos permiten hacer cosas impensadas: conocer amigos a distancia, visitar un mundo que no conocemos, comprar por Internet. Podemos iniciar un movimiento de protesta usando Facebook o Twitter. Pero también damos poder a las tecnologías.

En el momento en que decidimos usarlas, les otorgamos en parte el control para dar forma a nuestra vida, para configurarla. Aunque siempre pensamos en cómo creamos tecnologías que cambian el mundo, a mí me interesa más la pregunta contraria: cómo las tecnologías que creamos nos cambian, nos afectan a nosotros. Es esta reciprocidad, esta influencia mutua lo que cuenta, aquello de lo que debemos ser conscientes.

Su √ļltimo libro se apoya en una gran investigaci√≥n. Traza el origen de las m√°s importantes redes sociales: Facebook, Twitter, YouTube, Wikipedia.

Me llev√≥ unos cinco a√Īos de trabajo. Pero el verdadero problema fue que mi objeto de investigaci√≥n cambiaba continuamente. Algunos d√≠as me despertaba pensando que todo lo que hab√≠a escrito el d√≠a anterior lo ten√≠a que tirar por la ventana. Incluso cuando el libro ya estaba terminado. Entregu√© el manuscrito en 2012 y fue publicado en marzo de 2013. Apenas una semana despu√©s Facebook compr√≥ Instagram, compr√≥ WhatsApp y el ecosistema completo hab√≠a cambiado otra vez.

Un trabajo de hacer y deshacer…

Sí, pero en determinado momento decidí que mi contribución iba a ser no tanto lo fáctico como una metodología. Desarrollé lo que llamo el análisis de plataformas. Porque todos estos sistemas son más que sitios de Internet. Lo que propongo es un análisis por capas, para ir haciendo visible cómo se conforman estas plataformas que atraviesan el mundo real y el virtual. Me apoyo en teorizaciones de Bruno Latour, su teoría del actor-red, que da buenas herramientas para pensar las tecnologías, y en la mirada sociopolítica de Manuel Castells.

También hizo una tarea interdisciplinaria.

Y ahora más. Estoy terminando un nuevo libro, que tengo que entregar a fines de agosto, en el que la colaboración con otras áreas es más intensa. Trabajo con abogados, economistas, expertos en informática. Hablé mucho con quienes trabajan con datos.

Yo los necesito y ellos dicen que me necesitan a mí, porque quieren entender las implicancias normativas de lo que hacen. La interdisciplina es un punto de pasaje obligado; en estos temas ya no podemos trabajar solos.

Cuénteme más del nuevo libro.

Es una secuela del anterior, como si fuera “La cultura de la conectividad 4.0”. Se va a llamar¬†The Platform Society¬†(La sociedad plataforma). ¬ŅQu√© pas√≥ en los cinco a√Īos que van de uno a otro? La sociedad se vio inundada por este fen√≥meno. Ya no son s√≥lo las redes sociales. Estas plataformas han pasado a ocupar un lugar central en todos los sectores de la sociedad.

Si pensamos en la escuela, vemos que Google tiene unas siete u ocho plataformas que están mediando entre nuestros hijos y sus actividades en el aula. Es lo mismo en salud, transporte, alojamiento, compras. También las finanzas, que se ven transformadas con tecnologías como el dinero virtual, bitcoin.

¬ŅEl dato de Oxfam sobre que apenas ocho magnates concentran la misma riqueza que la mitad de la poblaci√≥n mundial tiene alguna relaci√≥n con todo esto?

Bueno, su pregunta requiere un nuevo libro, un tercero, para el que ya estoy haciendo investigaciones. Es un interrogante enorme. Me disculpo porque no voy a poder satisfacer su curiosidad por completo. En t√©rminos pol√≠ticos, estamos movi√©ndonos hacia un mundo en el que muchos bienes est√°n en las manos de apenas un pu√Īado de personas.

Es la imagen en espejo de lo que ocurre con el mundo de la informaci√≥n, en el que los datos son el nuevo dinero, el nuevo oro. Y los datos est√°n, b√°sicamente, en las manos de cinco grandes compa√Ī√≠as: Google, Apple, Facebook, Amazon y Microsoft. Google, por supuesto, se llama ahora Alphabet. Tienen entre el 80 y el 90 por ciento de todos los datos que generamos.

¬ŅY dominan en muchos rubros?

En casi todos. En publicidad, por ejemplo, Google y Facebook juntas se quedan con el 85 por ciento del dinero. Si pensamos en las b√ļsquedas por Internet, tengo n√ļmeros de Holanda que creo son representativos: el 90 por ciento de las b√ļsquedas se hacen con Google. Lo que significa que todos los datos que generamos van a sus manos.

En lo personal, trato de usar otros buscadores, como Bing o DuckDuckGo, que no conserva los datos. Pero mi decisión no hace mella en el sistema. Lo que estamos viendo es que cinco empresas controlan todos los datos que generamos como usuarios. Y los datos son increíblemente importantes a la hora de tener influencia y poder sobre la vida de las personas.

Son gigantes que, en cierto modo, elegimos.

Lo que vemos es que, cuanto m√°s grandes son, cuanto m√°s abarcan, m√°s √ļtiles nos resultan estas plataformas. Eso es lo que resulta m√°s frustrante: con nuestros datos pueden darnos un mejor servicio. Y de este modo, se quedan con m√°s datos y con m√°s control sobre nosotros.

Es casi escalofriante.

Pero eso no es todo. Porque lo que acabo de describir es el ecosistema con base en Estados Unidos. Pero hay otro: el chino. Hay unas cuatro o cinco compa√Ī√≠as que dominan el ecosistema de plataformas en China. Juntos, estos dos ecosistemas controlan pr√°cticamente todo el tr√°fico¬†online¬†del mundo. Y son como las im√°genes en espejo uno del otro. El sistema norteamericano est√° en manos de empresas, mientras que el chino es controlado por el Estado, en la medida en que el Estado controla a las empresas que controlan a las personas.

Un mundo bipolar, otra vez.

Lo m√°s interesante para m√≠ es c√≥mo se parecen estos dos sistemas. Uno, el chino, es capitalismo de Estado, mientras el norteamericano es un Estado capitalista. Pero ¬Ņpor qu√© se parecen tanto? Una de las razones es que usan los mismos recursos, los mismos mecanismos sociopol√≠ticos. Un ejemplo: los mecanismos “de reputaci√≥n”. Si una persona usa un auto de √úber, puede calificar el servicio de 1 a 5 con un simple clic. En las plataformas chinas es posible hacer lo mismo.

Y si algo o alguien recibe buenas calificaciones de este tipo, queda en buena situación frente al Estado, que puede tener en cuenta esa información para tomar decisiones sobre el alojamiento o el trabajo de las personas involucradas. El mismo mecanismo se usa con diferentes fines políticos, pero ambos están incrustados en la arquitectura de las plataformas y son semejantes. Y definen el modo en que las podemos usar.

¬ŅEs posible controlar este sistema, regularlo?

Yo estoy a favor de dar a los ciudadanos y a la sociedad civil en general un papel más importante. Que puedan tener más control sobre los datos que generan y sobre las plataformas. De eso también me estoy ocupando: de ver cómo la sociedad civil puede recuperar el control sobre lo que está pasando.

Europa tiene una historia de instituciones independientes bastante fuertes: diarios y escuelas independientes, agencias de noticias con un sentido de servicio p√ļblico, universidades que no se sostienen con dinero de las empresas. En Holanda los servicios de noticias estaban, hasta hace poco, directamente financiados por los ciudadanos, que pon√≠an dinero de su bolsillo para sostenerlos.

¬ŅCree que de ese modo se podr√≠a limitar el poder de estos gigantes?

Es importante conservar esas instituciones y fortalecerlas. Lo mismo con el sistema de salud o con la pol√≠tica: que conserven un sentido de lo p√ļblico y no dependan de fuentes financieras que puedan limitar su independencia. Creo profundamente en la sociedad civil como un actor que puede dar apoyo a sus instituciones, de manera que se mantengan a distancia del gobierno y de las empresas.

La sociedad civil como un tercer actor que debe jugar un papel en estos cambios.

Me parece importante mantener un equilibrio entre el gobierno, las empresas y las instituciones de la sociedad civil. Hay que trabajar en el medio y facilitar la colaboraci√≥n entre estos tres grandes actores. Lo que estamos viendo ahora, sin embargo, no es as√≠: hoy, un pu√Īado de empresas han alterado ese equilibrio. Volviendo a su pregunta sobre los ocho magnates: esto se puede explicar en t√©rminos de dinero o en t√©rminos de datos. Pero es m√°s o menos lo mismo. Porque los datos hoy son como el dinero.

La idea de lo p√ļblico aparece en sus palabras de manera muy destacada. Pero algunas personas podr√≠an objetar que si algo es p√ļblico, en realidad, est√° controlado por el Estado.

Creo que parte de la dificultad de pensar qu√© es hoy lo p√ļblico tiene que ver con que los l√≠mites entre las distintas esferas de la vida social se han hecho m√°s l√°biles. Muchas de estas plataformas se presentan como p√ļblicas y sin fines de lucro. Por ejemplo, hay una¬†app¬†que permite cargar los datos denuestro estado de salud, algo muy √ļtil para los diab√©ticos, que tienen que controlar sus niveles de az√ļcar en sangre.

Esos datos van a una instituci√≥n presuntamente sin fines de lucro, pero que forma parte del ecosistema de Apple. De modo que Apple termina teniendo control sobre esos datos. Lo que se ve ahora son categor√≠as h√≠bridas, ya no encontramos divisiones tajantes. De manera que su pregunta es, en parte, mi propia pregunta: ¬Ņpor qu√© ya no es tan f√°cil distinguir lo p√ļblico de lo privado, lo estatal de la sociedad civil? Y creo que en esto tiene que ver mucho la hibridizaci√≥n de las esferas que es el resultado de la acci√≥n de estas plataformas.

Biografía

Jos√© Van Dijck naci√≥ en 1960 en Boxtel, Holanda. Es investigadora en nuevos medios, tecnolog√≠a y sociedad, profesora en la Universidad de √Āmsterdam, donde fue decana de la Facultad de Humanidades. En 2015 fue elegida presidenta de la Real Academia Holandesa de Artes y Ciencias. En espa√Īol se public√≥ su libro¬†La cultura de la conectividad¬†(Siglo XXI).

 

Fuente: La Nación

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