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Familiares de víctimas en tiroteo en la Bahía de Guayaquil culpan a guardias de abrir fuego



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Los comerciantes del sector de las calles Chimborazo y Manabí tienen en su memoria el sonido de las balas, los gritos de los peatones, producto del pánico cuando se desató una balacera, la tarde del jueves pasado.

Fernando Nazareno, vendedor de agua, dijo que él “hubiese marchado”, pero que se salvó. A las 17h00, él estaba a unas cuadras del sitio del tiroteo. Justo en el punto donde cayó uno de los hombres baleados es ocupado a diario por Nazareno para expender las botellas con el líquido.

Según informó la Policía, un delincuente —disfrazado de vendedor de bebidas energizantes—, en compañía de otras cinco personas trataron de arrebatar el dinero que llevaba un guardia de seguridad, de la compañía Tevcol, que había recogido de un local comercial.

Cuando los compañeros del guardia se percataron del asalto, abrieron fuego para repeler el ataque.

El cruce de balas dejó tres muertos y siete heridos. El cuerpo de Miguel Ángel Obregón Borbor, de 36 años, quedó tendido en la vereda, junto a un hidrante.

Él tenía un traje de vendedor de una bebida energética. La Policía informó que tiene antecedentes penales: en 1999, por robo; en el 2003, también por robo; en el 2006 y 2008, por tenencia de armas no autorizada; en el 2009, por robo; en el 2011, por robo calificado; en el 2016, por ocultación de cosas robadas.

A unos metros de Obregón quedó el cuerpo del comerciante de ropa, Jorge Bohórquez, de 75 años. Este hombre llevaba casi medio siglo en el vaivén de las ventas de la Bahía.

Ayer, su hijo Jorge y su esposa Micaela Fares, cuestionaron la forma en que procedieron los guardias.

“El asaltante murió a la vuelta. Entonces no había cómo cruzarle balas a mi papá. Fueron los de Tevcol que tiraron al azar”, dijo el hijo del comerciante, quien tiene igual nombre.

Diana Del Rosario, en cambio, murió cuando era trasladada al Hospital Guayaquil. Además hubo siete heridos. Ella salía, junto con su mamá, de la zona donde venden medicinas. Había comprado fármacos para su padre, quien padece de cáncer.

Ayer, se instaló una carpa en la 34, entre Portete y Venezuela, como parte del velorio de la mujer de 32 años, quien deja dos niñas en la orfandad.

“Las balas provinieron de los guardias de seguridad. Hubo una negligencia”, indicó Cleris Tumbaco, madre de Diana.

Una fuente policial detalló que esta banda había realizado inteligencia en el sector para conocer el movimiento comercial, los días en que llegaba el carro blindado. Ayer, por la tarde, se les dictó prisión preventiva a los seis guardias de seguridad detenidos por investigaciones. La Fiscalía los acusa de homicidio culposo.

Fuente El Universo
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