La pandemia de la Covid-19 implica para las personas mayores el desafío fundamental del acceso a tratamientos y atención médica. El colapso de los sistemas de salud y los altos costos de los servicios sanitarios ha dejado, según reporta la ONU, a millones de personas vulnerables ante el nuevo coronavirus, especialmente aquellas en los grupos más pobres, con medidas de restricción, y con condiciones de salud subyacentes.





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La pandemia del nuevo coronavirus ha tenido serios efectos para los grupos vulnerables, y especialmente para los adultos mayores. De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas (ONU), si bien la edad promedio de los casos confirmados de Covid-19 en el mundo es de 51 años, la tasa de mortalidad para los mayores de 80 años es cinco veces el promedio global.

Estudios de la ONU refieren además, que las estadísticas de fallecimientos en los países afectados evidencian cómo este grupo etario ha sido muy afectado por el virus, siendo el “95 por ciento de las muertes por Covid-19 en Europa personas de 60 años o más. En los Estados Unidos, el 80 por ciento de los fallecimientos fueron entre adultos de 65 y más. En China, aproximadamente el 80 por ciento de los decesos ocurrieron entre adultos de 60 años o mayores”.

Esta realidad, explican los informes, plantea toda una serie de desafíos indirectos para las personas mayores, quienes viven ya el impacto en aspectos como la atención médica.

La pandemia de la Covid-19 implica para las personas mayores el desafío fundamental del acceso a tratamientos y atención médica. El colapso de los sistemas de salud y los altos costos de los servicios sanitarios ha dejado, según reporta la ONU, a millones de personas vulnerables ante el nuevo coronavirus, especialmente aquellas en los grupos más pobres, con medidas de restricción, y con condiciones de salud subyacentes.

Por otro lado, “la escasez de mano de obra interrumpe la prestación de atención e impacta directamente a las personas mayores, causando un mayor aislamiento”. Mientras, los adultos mayores con discapacidades y condiciones crónicas, han experimentado más dificultades para acceder cuidado de la salud.

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Explica la ONU que, a esto se suma la situación preocupante de que “expertos en derechos humanos han observado que las decisiones sobre el uso de los recursos médicos, incluidos los ventiladores, según la edad o sobre supuestos generalizados del impacto de un diagnóstico particular, como la demencia, la salud general, la esperanza de vida u oportunidades de supervivencia”.

Al respecto, la organización internacional alerta sobre la importancia de que los protocolos de triaje aseguren que las decisiones médicas sean basadas en la necesidad médica, criterios éticos y sobre la mejor evidencia científica disponible.

Pues “toda persona tiene derecho a consentir, rechazar o retirar el tratamiento médico y expresar su deseos de antemano. Sin embargo, durante esta pandemia, se han reportado casos en los que las personas mayores no han tenido la oportunidad de dar su consentimiento para recibir tratamiento médico o han sido sometidas a presión indebida para rechazar el tratamiento médico por adelantado”.

Los adultos mayores son más propensos a tener necesidades de salud continuas que requieren medicación y asistencia, así como visitas domiciliarias de rutina y atención comunitaria. Producto de la pandemia, estos servicios están en riesgo de ser interrumpidos por las medidas para limitar la propagación de la Covid-19, “lo que significa que muchas personas mayores ya no tienen acceso a la atención y apoyo esenciales”.

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Asimismo, la pandemia ha impactado también en aquellas personas mayores en centros de atención a largo plazo. En estos casos, ejemplifica el estudio de la ONU que en Madrid, las autoridades informaron que 4.260 residentes de centros de atención residencial fueron diagnosticados con coronavirus o registraron síntomas asociados, sin embargo, murieron.

Otros casi 7.500 residentes de hogares de cuidado han muerto de Covid-19 en Francia, representando casi un tercio de todas las muertes por coronavirus. En EE.UU., más de 7.000 decesos ocurrieron en hogares de ancianos.

Antes de la pandemia del nuevo coronavirus, el abuso hacia las personas mayores había aumentado registrándose una de cada seis personas mayores objeto de abuso. A partir de la Covid-19, las tasas de violencia contra la mujer, y particularmente violencia de pareja, se ha incrementado exacerbada por condiciones de encierro.

Aunque no existen datos desglosados por edad, “las respuestas políticas deben incorporar las necesidades y derechos de las personas mayores, especialmente las mujeres mayores, cuya dependencia de los miembros de la familia para su supervivencia diaria y el cuidado los hace especialmente vulnerables a abuso”.

Es así que las medidas para restringir el movimiento, pueden desencadenar mayor incidencia de violencia contra personas mayores, así como todas las formas de abuso como físico, emocional, financiero y sexual, así como negligencia.

Refiere el organismo internacional que se debe prestar especial atención a las amenazas que enfrentan los refugiados mayores, migrantes y desplazados internos, quienes en muchas ocasiones se encuentran limitados al cuidado de la salud, agua y saneamiento.

De igual manera, en cárceles y otros lugares de detención se hace muy difícil en distanciamiento físico, además, la atención médica puede ser limitada, “lo que representa una amenaza para las personas mayores dado su mayor riesgo de Covid-19”.

En este caso, sugieren valorar opciones para la liberación y alternativas a la detención para mitigar estos riesgos, particularmente para quienes tengan condiciones de salud subyacentes.

 

Telesur







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